José M. Esteve, me llevo en un viaje en el que recordé épocas de antaño, cuando asistí a clases, en la escuela primaria y los profesores eran como cantaros con agua, solo vertían el líquido a los sedientos alumnos, las clases eran rígidas, monótonas, con una disciplina exagerada que en muchas ocasiones se convertía en maltrato, posteriormente en la escuela secundaria hubo cambios, había profesores interesados en saber como estaba, que me sucedia y entonces mi gusto por aprender y descubrir se avivo, en la época de bachillerato me gustaba disfrutar de la libertad para cuestionar al profesor, de entablar una relación mas humana, que no solo se enfocaba al contenido de cada asignatura, sino a la importancia de la relación, de la comunicación, y finalmente en la licenciatura el interés por descubrir, construir, imaginar y aprender dependía de mí, a partir de ese momento mi gana por aprender, conocer y saber no ha se ha detenido.
Estos aspectos son los que he considerado en mi quehacer como profesora, las palabras de Esteve, sobre como describe la escuela, ese espacio que compartimos donde se intercambia afecto, tiempo, emociones, sorpresas y porque no también tristezas, es el más rico para todo el ser humano.
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